Me llamo Nicolasa, pero me gusta que me digan:
“Bebé”. Entonces sí hago caso. Bebé esto, Bebé lo otro. Yo miro y simulo como que
no entiendo mucho, pero termino cediendo al llamado.
Tengo que aclarar que no atiendo órdenes:
¡Ven!, ¡siéntate!, ¡come!, ¡dame la pata!, y más instrucciones que me fastidian. Yo sabré cuándo ir
y cuándo comer. Y ni crean que les voy a dar la pata... ¡A nadie!
Y luego las fotos… ¡Eso no! ¡Wácala! ¡Definitivamente no! Me
muevo cuando veo el celular enfocándome para que no quede bien mi imagen.
Tampoco me gustan las selfies con Ama.
Soy blanca, y estoy hermosa. Pero dice Ama que parezco trapo de sacudir porque no me gusta que me bañen, así que mi colorcito es medio grisáseo, por ahora y blanco y esponjado cuando salgo de la peluquería.
Dice Ama que pertenezco
a la raza Bichón Frisé, o algo así como pudles. Mi nariz y mi boca hacen juego
con mis ojos negros, negros. Las plantas de mis patas también son negras. La
cola se me enrolla arriba del lomo.
La última vez que me subí a la báscula pesé
7 kilos y medio y lo normal es que pese 5, ese sería mi peso ideal. O sea que estoy
GORDA… pero no me preocupa, ya bajaré porque esta Ama, esta humana me está torturando dándome de comer pura croqueta y valga este texto para acusarla. ¡He dicho! Y no me da
la gana comer nada en todo el día.
Y para eso estoy aquí, para hablar y quejarme de Ama...